En raison d'un mouvement de grève, le journal Le Monde ne paraît pas ce jeudi 17 avril (édition datée 18 avril).
Le Journal Electronique de cette édition n'est donc pas disponible.
En razòn de una huelga, el diario Le Monde, no sale este jueves 17 de abril (ediciòn del 18 de abril).
La versiòn electrònica de esta ediciòn no està disponible.
viernes, 18 de abril de 2008
AMÈRICA ECONOMÌA - petròleo en Piura y Lambayeque
Petro Tech logra importante hallazgo petrolero en la costa norte de Perú
El campo descubierto contendría 1.132 millones de barriles de petróleo en el zócalo continental de las regiones peruanas de Piura y Lambayeque.
La compañía Petro Tech, de capitales estadounidenses y argentinos habría encontrado frente a la costa norte de Perú una reserva de 1.132 millones de barriles de petróleo. De confirmarse el hallazgo, se transformaría en uno de los más importantes realizado en una cuenca de hidrocarburos en los últimos años en el país, dijo una autoridad regional.
La reserva se ubica en el zócalo continental de las regiones de Piura y Lambayeque, en el denominado Lote Z-6 que explora la compañía petrolera.
"Esta información nos la proporcionaron los ejecutivos de Petro Tech. Son 1.132 millones de barriles de petróleo de alta calidad", dijo a Reuters el presidente de la región de Lambayeque, Yehude Simon, según publicó este jueves El Comercio.
El funcionario peruano afirmó que en unos 20 ó 25 días se trasladarán equipos al norte de Perú para instalar una plataforma y comenzar a perforar el primer pozo en la zona.
El jefe de exploración de Petro-Tech Peruana, Enrique González, dijo a la agencia estatal de noticias Andina que entre julio y noviembre del 2009 comenzaría la etapa de desarrollo de la reserva.
Se calcula que la inversión en el asentamiento de la plataforma San Miguel y la culminación del pozo a perforar podría ascender a US$ 23.75 millones. “El pozo alcanzará una extensión de 10,950 pies, es decir, entre tres y 3.2 kilómetros hacia abajo”, sostuvo González.
Por otra parte, detalló que los estudios de geología en campo demandan una inversión de US$ 50.000; el de impacto ambiental US$ 700 mil y el de sísmica US$15 millones.
Se calcula además que el estudio de geoquímica de fondo marino podría alcanzar los US$ 500.000, la construcción de la plataforma y movimiento de material US$ 3,1 millones y la perforación, US$ 4.4 millones.
El ejecutivo de Petro-Tech Peruana recordó que desde hace cinco años la compañía inició estudios de campo que incluyeron trabajos de sísmica 2D y 3D, encontrándose evidencias de componentes de petróleo en esta zona.
El campo descubierto contendría 1.132 millones de barriles de petróleo en el zócalo continental de las regiones peruanas de Piura y Lambayeque.
La compañía Petro Tech, de capitales estadounidenses y argentinos habría encontrado frente a la costa norte de Perú una reserva de 1.132 millones de barriles de petróleo. De confirmarse el hallazgo, se transformaría en uno de los más importantes realizado en una cuenca de hidrocarburos en los últimos años en el país, dijo una autoridad regional.
La reserva se ubica en el zócalo continental de las regiones de Piura y Lambayeque, en el denominado Lote Z-6 que explora la compañía petrolera.
"Esta información nos la proporcionaron los ejecutivos de Petro Tech. Son 1.132 millones de barriles de petróleo de alta calidad", dijo a Reuters el presidente de la región de Lambayeque, Yehude Simon, según publicó este jueves El Comercio.
El funcionario peruano afirmó que en unos 20 ó 25 días se trasladarán equipos al norte de Perú para instalar una plataforma y comenzar a perforar el primer pozo en la zona.
El jefe de exploración de Petro-Tech Peruana, Enrique González, dijo a la agencia estatal de noticias Andina que entre julio y noviembre del 2009 comenzaría la etapa de desarrollo de la reserva.
Se calcula que la inversión en el asentamiento de la plataforma San Miguel y la culminación del pozo a perforar podría ascender a US$ 23.75 millones. “El pozo alcanzará una extensión de 10,950 pies, es decir, entre tres y 3.2 kilómetros hacia abajo”, sostuvo González.
Por otra parte, detalló que los estudios de geología en campo demandan una inversión de US$ 50.000; el de impacto ambiental US$ 700 mil y el de sísmica US$15 millones.
Se calcula además que el estudio de geoquímica de fondo marino podría alcanzar los US$ 500.000, la construcción de la plataforma y movimiento de material US$ 3,1 millones y la perforación, US$ 4.4 millones.
El ejecutivo de Petro-Tech Peruana recordó que desde hace cinco años la compañía inició estudios de campo que incluyeron trabajos de sísmica 2D y 3D, encontrándose evidencias de componentes de petróleo en esta zona.
sábado, 12 de abril de 2008
IMPERIO DEL CONSUMO
IMPERIO DEL CONSUMO
Por: Eduardo Galeano
La explosión del consumo en el mundo actual mete más
ruido que todas las guerras y arma más alboroto que
todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio
turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble.
La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran
borrachera universal parece no tener límites en el
tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo
suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la
hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba
la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por
su sombra y por los platos rotos que debe pagar.
La expansión de la demanda choca con las fronteras que
le impone el mismo sistema que la genera. El sistema
necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios,
como los pulmones necesitan el aire, y a la vez
necesita que anden por los suelos, como andan, los
precios de las materias primas y de la fuerza humana
de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a
todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre
todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para
casi todos esta aventura comienza y termina en la
pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda
para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas
para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba
consumiendo fantasías que a veces materializa
delinquiendo.
El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser
la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré
cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las
flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los
invernaderos, las flores están sometidas a luz
continua, para que crezcan más rápido. En la fábricas
de huevos, las gallinas también tienen prohibida la
noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la
ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo
de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy
bueno para la industria farmacéutica.
EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y
demás drogas químicas que se venden legalmente en el
mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que
se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se
tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por
ciento de la población mundial.
«Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una
mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor
de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado
paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un
pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no
valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa
Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la
ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis
hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando
etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar
las cuotas».
Invisible violencia del mercado: la diversidad es
enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La
producción en serie, en escala gigantesca, impone en
todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta
dictadura de la uniformización obligatoria es más
devastadora que cualquier dictadura del partido único:
impone, en el mundo entero, un modo de vida que
reproduce a los seres humanos como fotocopias del
consumidor ejemplar.
El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta
civilización, que confunde la cantidad con la calidad,
confunde la gordura con la buena alimentación. Según
la revista científica The Lancet, en la última década
la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la
población joven de los países más desarrollados. Entre
los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un
40% en los últimos dieciséis años, según la
investigación reciente del Centro de Ciencias de la
Salud de la Universidad de Colorado. El país que
inventó las comidas y bebidas light, los diet food y
los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de
gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja
del automóvil para trabajar y para mirar televisión.
Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas
diarias devorando comida de plástico.
Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria
está conquistando los paladares del mundo y está
haciendo trizas las tradiciones de la cocina local.
Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos,
tienen, en algunos países, miles de años de
refinamiento y diversidad, y son un patrimonio
colectivo que de alguna manera está en los fogones de
todos y no sólo en la mesa de los ricos. Esas
tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas
fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de
manera fulminante, por la imposición del saber químico
y único: la globalización de la hamburguesa, la
dictadura de la fast food. La plastificación de la
comida en escala mundial, obra de McDonald's, Burger
King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a
la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho,
porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.
El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó,
entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica
los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud
y que el menú de McDonald's no puede faltar en la
barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de
McDonald's dispara hamburguesas a las bocas de los
niños y de los adultos en el planeta entero. El doble
arco de esa M sirvió de estandarte, durante la
reciente conquista de los países del Este de Europa.
Las colas ante el McDonald's de Moscú, inaugurado en
1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria
de Occidente con tanta elocuencia como el
desmoronamiento del Muro de Berlín.
Un signo de los tiempos: esta empresa, que encarna las
virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la
libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald's
viola, así, un derecho legalmente consagrado en los
muchos países donde opera. En 1997, algunos
trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la
Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restorán
de Montreal en Canadá: el restorán cerró. Pero en el
98, otros empleados e McDonald's, en una pequeña
ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista,
digna de la Guía Guinness.
Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma
universal: la publicidad ha logrado lo que el
esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en
cualquier lugar, los mensajes que el televisor
transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de
publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a
ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y
cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va
haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre,
tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen
cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la
palabra. Comprado a plazos, ese animalito prueba la
vocación democrática del progreso: a nadie escucha,
pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así,
las virtudes de los automóviles último modelo, y
pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de
interés que tal o cual banco ofrece.
Los expertos saben convertir a las mercancías en
mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen
atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden,
ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que
nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la
soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros
del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando
con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar:
ellas también pueden ser símbolos de ascenso social,
salvoconductos para atravesar las aduanas de la
sociedad de clases, llaves que abren las puertas
prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: las cosas te
eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La
publicidad no informa sobre el producto que vende, o
rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función
primordial consiste en compensar frustraciones y
alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted
convertirse comprando esta loción de afeitar?
El criminólogo Anthony Platt ha observado que los
delitos de la calle no son solamente fruto de la
pobreza extrema. También son fruto de la ética
individualista. La obsesión social del éxito, dice
Platt, incide decisivamente sobre la apropiación
ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que
el dinero no produce la felicidad; pero cualquier
televidente pobre tiene motivos de sobra para creer
que el dinero produce algo tan parecido, que la
diferencia es asunto de especialistas.
Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso
fin a siete mil años de vida humana centrada en la
agricultura desde que aparecieron los primeros
cultivos, a fines del paleolítico. La población
mundial se urbaniza, los campesinos se hacen
ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie
y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades
del mundo, y las más injustas. Expulsados por la
agricultura moderna de exportación, y por la erosión
de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios.
Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por
experiencia saben que atiene den las grandes urbes.
Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un
porvenir para los hijos. En los campos, los
esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando;
en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en
tugurios, lo primero que descubren los recién llegados
es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada
es gratis y que los más caros artículos de lujo son el
aire y el silencio.
Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto
pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo
que las ciudades crecían «porque la gente tiene el
gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora,
¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la
esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con
el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si
las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones
entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas?
El mundo entero tiende a convertirse en una gran
pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero
no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y
privatizan los espacios públicos. Las estaciones de
autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran
espacios de encuentro entre personas, se están
convirtiendo ahora en espacios de exhibición
comercial.
El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas
las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las
multitudes acuden, en peregrinación, a este templo
mayor de las misas del consumo. La mayoría de los
devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus
bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría
compradora se somete al bombardeo de la oferta
incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por
las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los
maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas
suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso
pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del
interior, o de las ciudades que aún no han merecido
estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para
la foto, al pie de las marcas internacionales más
famosas, como antes posaban al pie de la estatua del
prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que
los habitantes de los barrios suburbanos acuden al
center, al shopping center, como antes acudían al
centro. El tradicional paseo del fin de semana al
centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la
excursión a estos centros urbanos.
Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus
mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta
donde no son convidados, pero pueden ser mirones.
Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula
espacial que recorre el universo del consumo, donde la
estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante
de modelos, marcas y etiquetas.
La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena
todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo
vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la
necesidad de vender. Las cosas envejecen en un
parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de
vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la
inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar,
resultan tan volátiles como el capital que las
financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela
a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está
aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un
desempleado en potencia. Paradójicamente, los
shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la
más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera
del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y
sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de
las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.
Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera
descartable: una mercancía de vida efímera, que se
agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes
que dispara la ametralladora de la televisión y las
modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin
tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a
mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el
cuento de que Dios ha vendido el planeta unas cuantas
empresas, porque estando de mal humor decidió
privatizar el universo? La sociedad de consumo es una
trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan
ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara
puede ver que la gran mayoría de la gente consume
poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar
la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La
injusticia social no es un error a corregir, ni un
defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay
naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del
tamaño del planeta.
Por: Eduardo Galeano
La explosión del consumo en el mundo actual mete más
ruido que todas las guerras y arma más alboroto que
todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio
turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble.
La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran
borrachera universal parece no tener límites en el
tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo
suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la
hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba
la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por
su sombra y por los platos rotos que debe pagar.
La expansión de la demanda choca con las fronteras que
le impone el mismo sistema que la genera. El sistema
necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios,
como los pulmones necesitan el aire, y a la vez
necesita que anden por los suelos, como andan, los
precios de las materias primas y de la fuerza humana
de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a
todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre
todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para
casi todos esta aventura comienza y termina en la
pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda
para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas
para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba
consumiendo fantasías que a veces materializa
delinquiendo.
El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser
la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré
cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las
flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los
invernaderos, las flores están sometidas a luz
continua, para que crezcan más rápido. En la fábricas
de huevos, las gallinas también tienen prohibida la
noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la
ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo
de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy
bueno para la industria farmacéutica.
EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y
demás drogas químicas que se venden legalmente en el
mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que
se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se
tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por
ciento de la población mundial.
«Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una
mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor
de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado
paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un
pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no
valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa
Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la
ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis
hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando
etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar
las cuotas».
Invisible violencia del mercado: la diversidad es
enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La
producción en serie, en escala gigantesca, impone en
todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta
dictadura de la uniformización obligatoria es más
devastadora que cualquier dictadura del partido único:
impone, en el mundo entero, un modo de vida que
reproduce a los seres humanos como fotocopias del
consumidor ejemplar.
El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta
civilización, que confunde la cantidad con la calidad,
confunde la gordura con la buena alimentación. Según
la revista científica The Lancet, en la última década
la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la
población joven de los países más desarrollados. Entre
los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un
40% en los últimos dieciséis años, según la
investigación reciente del Centro de Ciencias de la
Salud de la Universidad de Colorado. El país que
inventó las comidas y bebidas light, los diet food y
los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de
gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja
del automóvil para trabajar y para mirar televisión.
Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas
diarias devorando comida de plástico.
Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria
está conquistando los paladares del mundo y está
haciendo trizas las tradiciones de la cocina local.
Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos,
tienen, en algunos países, miles de años de
refinamiento y diversidad, y son un patrimonio
colectivo que de alguna manera está en los fogones de
todos y no sólo en la mesa de los ricos. Esas
tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas
fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de
manera fulminante, por la imposición del saber químico
y único: la globalización de la hamburguesa, la
dictadura de la fast food. La plastificación de la
comida en escala mundial, obra de McDonald's, Burger
King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a
la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho,
porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.
El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó,
entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica
los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud
y que el menú de McDonald's no puede faltar en la
barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de
McDonald's dispara hamburguesas a las bocas de los
niños y de los adultos en el planeta entero. El doble
arco de esa M sirvió de estandarte, durante la
reciente conquista de los países del Este de Europa.
Las colas ante el McDonald's de Moscú, inaugurado en
1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria
de Occidente con tanta elocuencia como el
desmoronamiento del Muro de Berlín.
Un signo de los tiempos: esta empresa, que encarna las
virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la
libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald's
viola, así, un derecho legalmente consagrado en los
muchos países donde opera. En 1997, algunos
trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la
Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restorán
de Montreal en Canadá: el restorán cerró. Pero en el
98, otros empleados e McDonald's, en una pequeña
ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista,
digna de la Guía Guinness.
Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma
universal: la publicidad ha logrado lo que el
esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en
cualquier lugar, los mensajes que el televisor
transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de
publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a
ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y
cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va
haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre,
tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen
cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la
palabra. Comprado a plazos, ese animalito prueba la
vocación democrática del progreso: a nadie escucha,
pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así,
las virtudes de los automóviles último modelo, y
pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de
interés que tal o cual banco ofrece.
Los expertos saben convertir a las mercancías en
mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen
atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden,
ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que
nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la
soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros
del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando
con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar:
ellas también pueden ser símbolos de ascenso social,
salvoconductos para atravesar las aduanas de la
sociedad de clases, llaves que abren las puertas
prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: las cosas te
eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La
publicidad no informa sobre el producto que vende, o
rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función
primordial consiste en compensar frustraciones y
alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted
convertirse comprando esta loción de afeitar?
El criminólogo Anthony Platt ha observado que los
delitos de la calle no son solamente fruto de la
pobreza extrema. También son fruto de la ética
individualista. La obsesión social del éxito, dice
Platt, incide decisivamente sobre la apropiación
ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que
el dinero no produce la felicidad; pero cualquier
televidente pobre tiene motivos de sobra para creer
que el dinero produce algo tan parecido, que la
diferencia es asunto de especialistas.
Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso
fin a siete mil años de vida humana centrada en la
agricultura desde que aparecieron los primeros
cultivos, a fines del paleolítico. La población
mundial se urbaniza, los campesinos se hacen
ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie
y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades
del mundo, y las más injustas. Expulsados por la
agricultura moderna de exportación, y por la erosión
de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios.
Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por
experiencia saben que atiene den las grandes urbes.
Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un
porvenir para los hijos. En los campos, los
esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando;
en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en
tugurios, lo primero que descubren los recién llegados
es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada
es gratis y que los más caros artículos de lujo son el
aire y el silencio.
Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto
pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo
que las ciudades crecían «porque la gente tiene el
gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora,
¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la
esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con
el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si
las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones
entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas?
El mundo entero tiende a convertirse en una gran
pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero
no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y
privatizan los espacios públicos. Las estaciones de
autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran
espacios de encuentro entre personas, se están
convirtiendo ahora en espacios de exhibición
comercial.
El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas
las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las
multitudes acuden, en peregrinación, a este templo
mayor de las misas del consumo. La mayoría de los
devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus
bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría
compradora se somete al bombardeo de la oferta
incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por
las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los
maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas
suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso
pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del
interior, o de las ciudades que aún no han merecido
estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para
la foto, al pie de las marcas internacionales más
famosas, como antes posaban al pie de la estatua del
prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que
los habitantes de los barrios suburbanos acuden al
center, al shopping center, como antes acudían al
centro. El tradicional paseo del fin de semana al
centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la
excursión a estos centros urbanos.
Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus
mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta
donde no son convidados, pero pueden ser mirones.
Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula
espacial que recorre el universo del consumo, donde la
estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante
de modelos, marcas y etiquetas.
La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena
todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo
vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la
necesidad de vender. Las cosas envejecen en un
parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de
vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la
inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar,
resultan tan volátiles como el capital que las
financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela
a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está
aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un
desempleado en potencia. Paradójicamente, los
shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la
más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera
del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y
sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de
las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.
Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera
descartable: una mercancía de vida efímera, que se
agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes
que dispara la ametralladora de la televisión y las
modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin
tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a
mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el
cuento de que Dios ha vendido el planeta unas cuantas
empresas, porque estando de mal humor decidió
privatizar el universo? La sociedad de consumo es una
trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan
ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara
puede ver que la gran mayoría de la gente consume
poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar
la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La
injusticia social no es un error a corregir, ni un
defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay
naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del
tamaño del planeta.
lunes, 7 de abril de 2008
VOLUNTARIADO DE ESSALUD, AGONIZA
Hola Ramòn:
Sí te encuentras en Lima, ya bailastes a nuestro son. Dos 'movidas' una más fuerte que la otra, nos mantuvieron en sobresalto. Pero para mi madre, este fuerte temblor no fue nada en comparaciòn al terremoto moral que significò que la 'despidieran' como voluntaria de Essalud. La causal de despido: tener 74 años.
El año pasado el presidente de Essalud, Fernando Barrios Ipenza, decidiò 'fortalecer, promover y unificar' el Programa del Voluntariado que se iniciò en 1999 y que mueve a màs de tres mil hombres y mujeres solidarios quienes entregan su tiempo y energìa al servicio de los enfermos y usuarios del sistema de Essalud.
Creó el Programa Kùrame, jóvenes con polos negros y corazones rojos, y por lo que sintieron los voluntarios y voluntarias, con sus mandiles blancos y ribetes azul turquesa, se decretó la muerte del Voluntariado.
Dìa a dìa, cada vez que asistìan al servicio veìan como cambiaba el panorama. Pequeños detalles como no permitirles tener un lugar para guardar sus bolsos y ni siquiera tener un espacio donde reunirse fueron marcando el desazón. Luego vino el examen. Si el examen sicotécnico.¿Puedes imaginar Ramón lo que sintieron las señoras y señores 'adultos mayores'?. Muchos no fueron a dar el examen, sólo se retiraron tristes a sus casas. Sólo querían aliviar el dolor ajeno. Ser útil. TRABAJAR.
Un trabajo que nunca fue remunerado. Eran VOLUNTARIOS.
Y finalmente sucedió lo que mi madre temía hace varios sábados, que era el día que ella destinaba para el Voluntariado... Regresó triste con los ojos brillantes y me dijo: "Hija, me quedé sin trabajo...", y enseguida, al ver mi indignaciòn me aseguró, "pero, encontrarè otra forma de ayudar, yo me siento útil todavía, éstos no me han vencido".
Le pedí que me contara como fue qué le dijeron..."No quiero hablar del tema por favor, -me contestó- me han querido avergonzar, pero no les dí oportunidad".
He visto a mi madre muchos viernes cansada y con sus achaques propios de su edad, y luego, por espacio de tres años cada sábado invariablemente se levantaba muy temprano, preparaba su cafecito y un pan para la mitad de mañana. Tomaba un desayuno rápido y a las 7 de la mañana, ya estaba en los servicios de la Clínica Castilla ayudando a los cientos de asegurados como ella, pensionistas, como ella, adultos mayores como ella, mujeres, madres, esposas, hijas como ella con la duda y la ansiedad reflejada en sus caras, buscando alguien para hacerle una pregunta o sólo contarle sus penas.
La señora 'Zoilita', como le decían todos los que la conocieron porque al igual que en casa, atenta para servir, fuerte en la desesperación de una emergencia, de una enfermedad, solícita en la ayuda inmediata, siempre con el comentario oportuno preciso, positivo, tomando de la mano a quien se disponía a ingresar a la sala de operaciones, diciendo que no se preocupe, que todo saldrá bien, o en el servicio de emergencia, con serenidad y atenciòn afable para calmar a los angustiados familiares de los pacientes.
Hace menos de tres meses por una dolencia en sus miembros inferiores, usa bastón, le cuesta caminar ligero. Pero igual, desde una mesita brindaba informaciòn a quien se lo solicitara.
Ella es más grande que sus problemas de edad y tiene corazón para sanar mejor que cualquier medicina, pero tiene 74 años, usa bastón y según Essalud ya no sirve para ser Voluntaria.
El lema de Essalud es hoy según su portal: ESSALUD MEJORA, será porque ya no puede EMPEORAR MÀS
Susana.
Sí te encuentras en Lima, ya bailastes a nuestro son. Dos 'movidas' una más fuerte que la otra, nos mantuvieron en sobresalto. Pero para mi madre, este fuerte temblor no fue nada en comparaciòn al terremoto moral que significò que la 'despidieran' como voluntaria de Essalud. La causal de despido: tener 74 años.
El año pasado el presidente de Essalud, Fernando Barrios Ipenza, decidiò 'fortalecer, promover y unificar' el Programa del Voluntariado que se iniciò en 1999 y que mueve a màs de tres mil hombres y mujeres solidarios quienes entregan su tiempo y energìa al servicio de los enfermos y usuarios del sistema de Essalud.
Creó el Programa Kùrame, jóvenes con polos negros y corazones rojos, y por lo que sintieron los voluntarios y voluntarias, con sus mandiles blancos y ribetes azul turquesa, se decretó la muerte del Voluntariado.
Dìa a dìa, cada vez que asistìan al servicio veìan como cambiaba el panorama. Pequeños detalles como no permitirles tener un lugar para guardar sus bolsos y ni siquiera tener un espacio donde reunirse fueron marcando el desazón. Luego vino el examen. Si el examen sicotécnico.¿Puedes imaginar Ramón lo que sintieron las señoras y señores 'adultos mayores'?. Muchos no fueron a dar el examen, sólo se retiraron tristes a sus casas. Sólo querían aliviar el dolor ajeno. Ser útil. TRABAJAR.
Un trabajo que nunca fue remunerado. Eran VOLUNTARIOS.
Y finalmente sucedió lo que mi madre temía hace varios sábados, que era el día que ella destinaba para el Voluntariado... Regresó triste con los ojos brillantes y me dijo: "Hija, me quedé sin trabajo...", y enseguida, al ver mi indignaciòn me aseguró, "pero, encontrarè otra forma de ayudar, yo me siento útil todavía, éstos no me han vencido".
Le pedí que me contara como fue qué le dijeron..."No quiero hablar del tema por favor, -me contestó- me han querido avergonzar, pero no les dí oportunidad".
He visto a mi madre muchos viernes cansada y con sus achaques propios de su edad, y luego, por espacio de tres años cada sábado invariablemente se levantaba muy temprano, preparaba su cafecito y un pan para la mitad de mañana. Tomaba un desayuno rápido y a las 7 de la mañana, ya estaba en los servicios de la Clínica Castilla ayudando a los cientos de asegurados como ella, pensionistas, como ella, adultos mayores como ella, mujeres, madres, esposas, hijas como ella con la duda y la ansiedad reflejada en sus caras, buscando alguien para hacerle una pregunta o sólo contarle sus penas.
La señora 'Zoilita', como le decían todos los que la conocieron porque al igual que en casa, atenta para servir, fuerte en la desesperación de una emergencia, de una enfermedad, solícita en la ayuda inmediata, siempre con el comentario oportuno preciso, positivo, tomando de la mano a quien se disponía a ingresar a la sala de operaciones, diciendo que no se preocupe, que todo saldrá bien, o en el servicio de emergencia, con serenidad y atenciòn afable para calmar a los angustiados familiares de los pacientes.
Hace menos de tres meses por una dolencia en sus miembros inferiores, usa bastón, le cuesta caminar ligero. Pero igual, desde una mesita brindaba informaciòn a quien se lo solicitara.
Ella es más grande que sus problemas de edad y tiene corazón para sanar mejor que cualquier medicina, pero tiene 74 años, usa bastón y según Essalud ya no sirve para ser Voluntaria.
El lema de Essalud es hoy según su portal: ESSALUD MEJORA, será porque ya no puede EMPEORAR MÀS
Susana.
miércoles, 26 de marzo de 2008
BBC - cuidado con el enojo
Cuidado con el enojo
La gente que no puede controlar su enojo generalmente no tiene a quién pedir ayuda y esto conduce a problemas mayores, dice un estudio.
El enojo que no se controla puede conducir a problemas mayores.
La Fundación de Salud Mental afirma que el enojo sólo se trata con especialistas cuando la persona ha cometido un delito agresivo.
Una encuesta con 2.000 personas en el Reino Unido reveló que cerca de 35% de éstas tenía un amigo o familiar con problemas para contener su enojo.
Según la organización es necesario llevar a cabo más investigación sobre las causas del enojo y mejores tratamientos de intervención temprana en casos problemáticos.
Relaciones
El enojo crónico e intenso ha sido vinculado a enfermedades cardiacas, cáncer, embolias, resfriados e influenza, así como depresión, automutilación y abuso de sustancias.
El enojo, dicen los expertos, puede tener efectos muy negativos en las relaciones personales.
Según la Fundación, los tribunales pueden referir a la gente a entrenamientos de control de enojo pero los servicios de ayuda deben intervenir más temprano.
La encuesta afirma que la gente está cada vez más enojada.
Por su parte, los médicos familiares cuentan con pocas opciones para ayudar a los pacientes con problemas de enojo.
La encuesta reveló que 12% de la gente afirma tener problemas para controlar su enojo.
Una de cada cuatro personas dice estar preocupada sobre lo enojada que a veces suele sentirse.
Y 64% de los encuestados piensan que la gente en general está cada vez más enojada.
Emoción poderosa
Pero la mayoría de los afectados no sabe dónde buscar ayuda.
Según la Fundación "en una sociedad donde la gente puede buscar ayuda para su depresión, ansiedad, pánico, fobia, trastornos alimenticios y otros problemas psicológicos, parece extraordinario que debamos defendernos solos cuando se trata de una emoción tan poderosa como el enojo".
Los expertos afirman que debemos reconocer que el enojo está dañando nuestra vida, buscar ayudar y poder recibirla.
El informe concluye que existen muchos métodos utilizados en los servicios de salud mental, como las terapias "habladas", que también pueden ayudar a la gente a manejar su enojo.
Otros expertos afirman, sin embargo, que rara vez se ofrece ayuda a la gente cuando sólo sufre enojo, ya que éste no es un trastorno mental.
Pero agregan que el enojo también podría ser un síntoma de depresión o ansiedad y éstos sí son trastornos que pueden ser tratados con especialistas.
La gente que no puede controlar su enojo generalmente no tiene a quién pedir ayuda y esto conduce a problemas mayores, dice un estudio.
El enojo que no se controla puede conducir a problemas mayores.
La Fundación de Salud Mental afirma que el enojo sólo se trata con especialistas cuando la persona ha cometido un delito agresivo.
Una encuesta con 2.000 personas en el Reino Unido reveló que cerca de 35% de éstas tenía un amigo o familiar con problemas para contener su enojo.
Según la organización es necesario llevar a cabo más investigación sobre las causas del enojo y mejores tratamientos de intervención temprana en casos problemáticos.
Relaciones
El enojo crónico e intenso ha sido vinculado a enfermedades cardiacas, cáncer, embolias, resfriados e influenza, así como depresión, automutilación y abuso de sustancias.
El enojo, dicen los expertos, puede tener efectos muy negativos en las relaciones personales.
Según la Fundación, los tribunales pueden referir a la gente a entrenamientos de control de enojo pero los servicios de ayuda deben intervenir más temprano.
La encuesta afirma que la gente está cada vez más enojada.
Por su parte, los médicos familiares cuentan con pocas opciones para ayudar a los pacientes con problemas de enojo.
La encuesta reveló que 12% de la gente afirma tener problemas para controlar su enojo.
Una de cada cuatro personas dice estar preocupada sobre lo enojada que a veces suele sentirse.
Y 64% de los encuestados piensan que la gente en general está cada vez más enojada.
Emoción poderosa
Pero la mayoría de los afectados no sabe dónde buscar ayuda.
Según la Fundación "en una sociedad donde la gente puede buscar ayuda para su depresión, ansiedad, pánico, fobia, trastornos alimenticios y otros problemas psicológicos, parece extraordinario que debamos defendernos solos cuando se trata de una emoción tan poderosa como el enojo".
Los expertos afirman que debemos reconocer que el enojo está dañando nuestra vida, buscar ayudar y poder recibirla.
El informe concluye que existen muchos métodos utilizados en los servicios de salud mental, como las terapias "habladas", que también pueden ayudar a la gente a manejar su enojo.
Otros expertos afirman, sin embargo, que rara vez se ofrece ayuda a la gente cuando sólo sufre enojo, ya que éste no es un trastorno mental.
Pero agregan que el enojo también podría ser un síntoma de depresión o ansiedad y éstos sí son trastornos que pueden ser tratados con especialistas.
lunes, 24 de marzo de 2008
AMÈRICA ECONOMÌA - mexicanos odian el TLC
Amor confuso
por Andrés Piedragil, Ciudad de México
Sobre la Avenida Reforma, una de las vías principales de Ciudad de México, cientos de campesinos marchan. En medio del caos vial que generan, los agricultores de la nación azteca gritan consignas contra el TLC, término que la población mexicana usa para referirse al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta). De acuerdo al programa de aperturas del acuerdo comercial, productos agrícolas como el maíz, el azúcar y la leche empezarían a circular libremente por los tres socios del acuerdo (México, EE.UU. y Canadá).
Al mismo tiempo, en un café ubicado en Reforma, un televisor reproduce una propaganda del gobierno: un agricultor de aguacates exalta las bondades del Nafta, destacando la forma en que ha mejorado su condición gracias a la exportación de sus frutos. En el establecimiento, Federico Alarcón, asistente de contabilidad en una empresa cercana, no tiene una opinión definitiva. “El gobierno dice que nos ha beneficiado. No sabría decir si a mí, pero parece que no a todos los campesinos”, dice mientras da un sorbo a su café y observa el paso de la protesta.
No es un caso único. El acuerdo que integró la economía mexicana a la mayor del mundo y que entró en vigor hace 14 años, aún no puede convencer de sus bondades a muchos mexicanos que recuerdan las enormes promesas en torno a él antes de su aprobación. Las estadísticas que la Secretaría de Economía se encarga de repetir una y otra vez no los convencen, a pesar de su robustez: desde la vigencia del acuerdo, el comercio dentro del bloque se ha triplicado, llegando a representar US$ 2.000 millones diarios; la economía mexicana creció 39,8% en términos reales; para 2005, las exportaciones de México a sus socios se habían multiplicado por cuatro hasta alcanzar la cifra de US$ 182.000 millones. Y, quizás lo más relevante, el intercambio generado ha conducido a que uno de cada seis empleos esté relacionado con la actividad exportadora. Y cuyos salarios son 37% superiores a los de las compañías no exportadoras.
Por si eso fuera poco, se ha producido una modificación sustancial en el perfil de los ingresos del país: según datos de 2006 del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, los ingresos no petroleros –donde se incluyen las exportaciones– representan alrededor del 15,3% del PIB mexicano, contra 9,4% de los relacionados con el petróleo. De paso, se han logrado balances superavitarios en el comercio con los dos socios: en 2006, México ostentó un superávit de US$ 68.000 millones con EE.UU. y de US$ 6.700 millones con Canadá.
Asimismo, datos del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (Comce) establecen que durante la vigencia del tratado las exportaciones mexicanas han crecido 350%, pasando de US$ 52.000 millones a US$ 250.000 millones (2006); las exportaciones a los socios del Nafta (el 87% de las totales) crecieron 410%.
No obstante, las principales críticas al acuerdo tienen que ver con dos asuntos nada menores: uno, no todos los ámbitos de la economía han incrementado su competitividad. Y, dos, el tratado defraudó las expectativas sobre su potencial de generación de nuevos empleos. Durante el período de vigencia del Nafta, según cifras del Comce, en México se han creado 4,3 millones de empleos formales, insuficientes para una población económicamente activa que creció en 11,1 millones de personas. El déficit es de 6,8 millones de plazas.
Posiblemente el principal problema sea de expectativas. “Al Nafta, ni todas las bendiciones, ni todas las maldiciones”, dice José Antonio Serro, profesor e investigador del Departamento de Estudios Empresariales de la Universidad Iberoamericana (UIA). Para el académico, el tratado potenció ventajas productivas, pero también “agudizó problemas que existían antes de su firma”.
La industria agrícola de México es un ejemplo. Este sector (en especial los productores de aguacate, cebolla, fresas, sandía, espárragos, limón sin semilla, entre otros), en el período de vigencia del acuerdo, ha logrado aumentar su participación en el mercado del Nafta de 9,97% a 13,07%, según el Comce. Sin embargo, agroindustriales de enorme peso en la economía y alimentación mexicanas –como los productores de maíz y leche– no están en posición de imaginar crecimientos, pero sí de sufrir una complicada competencia con sus contrapartes del norte, muchos de los cuales se benefician de jugosos subsidios federales. Y es que se trata de una industria con problemas históricos localmente: falta de inversión privada, apoyos gubernamentales que se han probado insuficientes, asociaciones del sector que se guían por intereses políticos o electorales, minifundios improductivos y monopolios en la cadena de distribución de alimentos. “La mala situación del agro mexicano no es un problema Nafta, sino que viene de antes”, dice Serro, de la UIA.
El problema es que el campo no se ha preparado para enfrentar un ambiente de apertura. “Faltaron programas, proyectos y estrategias que permitieran capitalizar las supuestas ventajas negociadas”, apunta Valentín Díez Morodo, presidente nacional del Comce.
Como otras voces, Díez señala que el valor agregado de las exportaciones de México no ha crecido en la proporción esperada, ya que gran parte de las ventas mexicanas al exterior han quedado condicionadas a la creciente importación temporal de insumos extranjeros, con los cuales se ensamblan productos que después serán exportados hacia EE.UU. y Canadá. Esquema que han seguido empresas como la coreana LG, la automotora japonesa Nissan y la alemana Volkswagen.de talla baja Y aunque el establecimiento de estas plantas brinda beneficios a la economía –generación de empleo, transferencia tecnológica, incorporación de nuevos sistemas de trabajo, ingresos por exportaciones–, analistas locales consideran que México aún mantiene un perfil productivo sin el desarrollo de cadenas productivas locales, sin incentivar la innovación y sin realmente elevar el nivel de la mano de obra en general. Un diagnóstico que en 2006 dio una señal de alarma: China, el gran poder global de mano de obra, desplazó a México –con todo y su condición de socio Nafta– del segundo al tercer puesto en la lista de los principales socios comerciales de EE.UU. Entre enero y noviembre de ese año, según datos del Departamento de Comercio de ese país, el intercambio con el país asiático representaba US$ 313.620 millones; atrás quedaba México con US$ 307.260 millones.
Pero si el incremento de la productividad y su contagio a más sectores son tareas pendientes del gobierno (que implicarán llevar a cabo reformas estructurales), todo parece indicar que el atributo más celebrado del Nafta, las inversiones canadienses y estadounidenses, seguirá creciendo, aun en entornos económicos complicados, como el que se prevé para este año. Según datos del gobierno mexicano, en 2007 se captaron US$ 23.000 millones de dólares de IED (cifra sólo superada por la obtenida en 2002, US$ 29.000 millones, y en la que influyó la adquisición de Banamex por parte del Citi), más de la mitad atribuible a sus socios Nafta. Para 2008, incluso con una economía estadounidense en recesión, el gobierno de México espera que la IED se ubique en el orden de los US$ 20.000 millones.
Aun así, ante los efectos de la desaceleración de EE.UU. es de esperar que en México se vuelvan a cuestionar los atributos del Nafta. “Los sectores no competitivos de México y Estados Unidos son los únicos que piden la renegociación del acuerdo”, dice Deborah L. Riner, economista en jefe del American Chamber México. “Los ámbitos que son competitivos reconocen que el tratado es positivo y que da certidumbre”.
Quizás la lección más clara de estos 14 años del Nafta es que los gobiernos deben aprender y no vender futuros acuerdos comerciales como una solución casi definitiva a los problemas del país. “En su momento, se dijo que el Nafta beneficiaría especialmente a las personas de bajos ingresos”, dice Tapen Sinha, profesor de la cátedra ING de Administración de Riesgos en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). “Pero eso no ha ocurrido, ni en el campo ni en la ciudad. Y para que eso suceda, hay mucho trabajo por hacer en el ámbito interno”. La otra lección es que una vez que se firma el tratado, el trabajo sólo recién comienza.
por Andrés Piedragil, Ciudad de México
Sobre la Avenida Reforma, una de las vías principales de Ciudad de México, cientos de campesinos marchan. En medio del caos vial que generan, los agricultores de la nación azteca gritan consignas contra el TLC, término que la población mexicana usa para referirse al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta). De acuerdo al programa de aperturas del acuerdo comercial, productos agrícolas como el maíz, el azúcar y la leche empezarían a circular libremente por los tres socios del acuerdo (México, EE.UU. y Canadá).
Al mismo tiempo, en un café ubicado en Reforma, un televisor reproduce una propaganda del gobierno: un agricultor de aguacates exalta las bondades del Nafta, destacando la forma en que ha mejorado su condición gracias a la exportación de sus frutos. En el establecimiento, Federico Alarcón, asistente de contabilidad en una empresa cercana, no tiene una opinión definitiva. “El gobierno dice que nos ha beneficiado. No sabría decir si a mí, pero parece que no a todos los campesinos”, dice mientras da un sorbo a su café y observa el paso de la protesta.
No es un caso único. El acuerdo que integró la economía mexicana a la mayor del mundo y que entró en vigor hace 14 años, aún no puede convencer de sus bondades a muchos mexicanos que recuerdan las enormes promesas en torno a él antes de su aprobación. Las estadísticas que la Secretaría de Economía se encarga de repetir una y otra vez no los convencen, a pesar de su robustez: desde la vigencia del acuerdo, el comercio dentro del bloque se ha triplicado, llegando a representar US$ 2.000 millones diarios; la economía mexicana creció 39,8% en términos reales; para 2005, las exportaciones de México a sus socios se habían multiplicado por cuatro hasta alcanzar la cifra de US$ 182.000 millones. Y, quizás lo más relevante, el intercambio generado ha conducido a que uno de cada seis empleos esté relacionado con la actividad exportadora. Y cuyos salarios son 37% superiores a los de las compañías no exportadoras.
Por si eso fuera poco, se ha producido una modificación sustancial en el perfil de los ingresos del país: según datos de 2006 del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, los ingresos no petroleros –donde se incluyen las exportaciones– representan alrededor del 15,3% del PIB mexicano, contra 9,4% de los relacionados con el petróleo. De paso, se han logrado balances superavitarios en el comercio con los dos socios: en 2006, México ostentó un superávit de US$ 68.000 millones con EE.UU. y de US$ 6.700 millones con Canadá.
Asimismo, datos del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (Comce) establecen que durante la vigencia del tratado las exportaciones mexicanas han crecido 350%, pasando de US$ 52.000 millones a US$ 250.000 millones (2006); las exportaciones a los socios del Nafta (el 87% de las totales) crecieron 410%.
No obstante, las principales críticas al acuerdo tienen que ver con dos asuntos nada menores: uno, no todos los ámbitos de la economía han incrementado su competitividad. Y, dos, el tratado defraudó las expectativas sobre su potencial de generación de nuevos empleos. Durante el período de vigencia del Nafta, según cifras del Comce, en México se han creado 4,3 millones de empleos formales, insuficientes para una población económicamente activa que creció en 11,1 millones de personas. El déficit es de 6,8 millones de plazas.
Posiblemente el principal problema sea de expectativas. “Al Nafta, ni todas las bendiciones, ni todas las maldiciones”, dice José Antonio Serro, profesor e investigador del Departamento de Estudios Empresariales de la Universidad Iberoamericana (UIA). Para el académico, el tratado potenció ventajas productivas, pero también “agudizó problemas que existían antes de su firma”.
La industria agrícola de México es un ejemplo. Este sector (en especial los productores de aguacate, cebolla, fresas, sandía, espárragos, limón sin semilla, entre otros), en el período de vigencia del acuerdo, ha logrado aumentar su participación en el mercado del Nafta de 9,97% a 13,07%, según el Comce. Sin embargo, agroindustriales de enorme peso en la economía y alimentación mexicanas –como los productores de maíz y leche– no están en posición de imaginar crecimientos, pero sí de sufrir una complicada competencia con sus contrapartes del norte, muchos de los cuales se benefician de jugosos subsidios federales. Y es que se trata de una industria con problemas históricos localmente: falta de inversión privada, apoyos gubernamentales que se han probado insuficientes, asociaciones del sector que se guían por intereses políticos o electorales, minifundios improductivos y monopolios en la cadena de distribución de alimentos. “La mala situación del agro mexicano no es un problema Nafta, sino que viene de antes”, dice Serro, de la UIA.
El problema es que el campo no se ha preparado para enfrentar un ambiente de apertura. “Faltaron programas, proyectos y estrategias que permitieran capitalizar las supuestas ventajas negociadas”, apunta Valentín Díez Morodo, presidente nacional del Comce.
Como otras voces, Díez señala que el valor agregado de las exportaciones de México no ha crecido en la proporción esperada, ya que gran parte de las ventas mexicanas al exterior han quedado condicionadas a la creciente importación temporal de insumos extranjeros, con los cuales se ensamblan productos que después serán exportados hacia EE.UU. y Canadá. Esquema que han seguido empresas como la coreana LG, la automotora japonesa Nissan y la alemana Volkswagen.de talla baja Y aunque el establecimiento de estas plantas brinda beneficios a la economía –generación de empleo, transferencia tecnológica, incorporación de nuevos sistemas de trabajo, ingresos por exportaciones–, analistas locales consideran que México aún mantiene un perfil productivo sin el desarrollo de cadenas productivas locales, sin incentivar la innovación y sin realmente elevar el nivel de la mano de obra en general. Un diagnóstico que en 2006 dio una señal de alarma: China, el gran poder global de mano de obra, desplazó a México –con todo y su condición de socio Nafta– del segundo al tercer puesto en la lista de los principales socios comerciales de EE.UU. Entre enero y noviembre de ese año, según datos del Departamento de Comercio de ese país, el intercambio con el país asiático representaba US$ 313.620 millones; atrás quedaba México con US$ 307.260 millones.
Pero si el incremento de la productividad y su contagio a más sectores son tareas pendientes del gobierno (que implicarán llevar a cabo reformas estructurales), todo parece indicar que el atributo más celebrado del Nafta, las inversiones canadienses y estadounidenses, seguirá creciendo, aun en entornos económicos complicados, como el que se prevé para este año. Según datos del gobierno mexicano, en 2007 se captaron US$ 23.000 millones de dólares de IED (cifra sólo superada por la obtenida en 2002, US$ 29.000 millones, y en la que influyó la adquisición de Banamex por parte del Citi), más de la mitad atribuible a sus socios Nafta. Para 2008, incluso con una economía estadounidense en recesión, el gobierno de México espera que la IED se ubique en el orden de los US$ 20.000 millones.
Aun así, ante los efectos de la desaceleración de EE.UU. es de esperar que en México se vuelvan a cuestionar los atributos del Nafta. “Los sectores no competitivos de México y Estados Unidos son los únicos que piden la renegociación del acuerdo”, dice Deborah L. Riner, economista en jefe del American Chamber México. “Los ámbitos que son competitivos reconocen que el tratado es positivo y que da certidumbre”.
Quizás la lección más clara de estos 14 años del Nafta es que los gobiernos deben aprender y no vender futuros acuerdos comerciales como una solución casi definitiva a los problemas del país. “En su momento, se dijo que el Nafta beneficiaría especialmente a las personas de bajos ingresos”, dice Tapen Sinha, profesor de la cátedra ING de Administración de Riesgos en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). “Pero eso no ha ocurrido, ni en el campo ni en la ciudad. Y para que eso suceda, hay mucho trabajo por hacer en el ámbito interno”. La otra lección es que una vez que se firma el tratado, el trabajo sólo recién comienza.
AMÈRICA ECONOMÌA - Perù pagarà millonaria deuda
Perú pagará $1.100 millones de deuda con Banco Mundial y BID
El gobierno peruano explicó que la medida busca “blindar al país de riesgos externos porque estos préstamos son en tasas flotantes”.
Perú mantiene deudas con organismos internacionales por más de US$ 6.500 millones.
El Gobierno peruano confirmó que prevé prepagar cerca de US$ 1.117 millones de su deuda con el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) antes de mitad de año.
La noticia fue dada a conocer por el director ejecutivo de Endeudamiento público del Ministerio de Economía de Perú, José Miguel Ugarte, quien precisó que el pago adelantado se haría principalmente con recursos del Tesoro y, en menor cantidad, con emisiones de bonos en moneda local.
"Estamos hablando de prepagar US$ 620 millones al Banco Mundial y US$ 497 millones al BID", dijo Ugarte en conversación telefónica con la agencia Reuters. El propósito, explicó el secretario de Estado, es "blindar al país de riesgos externos porque esos préstamos son a tasas flotantes”.
Ugarte recordó que Perú tiene una deuda de US$ 2.649 millones con el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), dependiente del Banco Mundial, y de US$ 3.870 millones con el BID.
El Gobierno del presidente Alan García tiene como meta alcanzar antes del 2011 el grado de inversión, para lo cual impulsa el plan de reduccción de deuda con organismos multilaterales y acreedores en el mercado internacional
El gobierno peruano explicó que la medida busca “blindar al país de riesgos externos porque estos préstamos son en tasas flotantes”.
Perú mantiene deudas con organismos internacionales por más de US$ 6.500 millones.
El Gobierno peruano confirmó que prevé prepagar cerca de US$ 1.117 millones de su deuda con el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) antes de mitad de año.
La noticia fue dada a conocer por el director ejecutivo de Endeudamiento público del Ministerio de Economía de Perú, José Miguel Ugarte, quien precisó que el pago adelantado se haría principalmente con recursos del Tesoro y, en menor cantidad, con emisiones de bonos en moneda local.
"Estamos hablando de prepagar US$ 620 millones al Banco Mundial y US$ 497 millones al BID", dijo Ugarte en conversación telefónica con la agencia Reuters. El propósito, explicó el secretario de Estado, es "blindar al país de riesgos externos porque esos préstamos son a tasas flotantes”.
Ugarte recordó que Perú tiene una deuda de US$ 2.649 millones con el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), dependiente del Banco Mundial, y de US$ 3.870 millones con el BID.
El Gobierno del presidente Alan García tiene como meta alcanzar antes del 2011 el grado de inversión, para lo cual impulsa el plan de reduccción de deuda con organismos multilaterales y acreedores en el mercado internacional
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